Desde Estambul…”Con amor”

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Tres visiones de Estambul…

Estambul 1:

En el mundo despiadao de las ciudades, donde las grandes se comen a las pequeñitas, existen algunas antipáticas de manos cerradas -preguntas la hora y sientes que has pedido dinero- y otras amables, de brazos abiertos : “es que aquí no me siento extranjero”. Estambul es un tercer tipo; a Estambul llegas con los brazos cerrados y ella se encarga de abrirlos. Estambul enseña, con la mezcla y la experiencia. Te vuelca tu cabeza -más o menos amueblada- sobre la mesa y va tirando lo que no sirve: me mudó la experiencia al salón, el subconsciente a la cocina, el corazón a la terraza y la moral a la basura -de reciclaje, de reciclaje-. Ya sólo una idea permanece: La importancia de no juzgar. Así que un día en Estambul, para mí, debería ser un día sin adjetivos. Estambul, coño, es Estambul.

(tacos sí se permiten)

Una gaviota se pavonea sobre una chimenea del bloque de enfrente. Joder. Ya no hay despertador que valga para una casa sin persianas. Y aunque el Sol no me va a quitar las sábanas, tampoco me va a poner las tostadas. El frío ya entró por la noche dejando un recado, que las casas del centro no son para ahorrar en gas; que en el XIX los jerséis tenían otro punto y que aquí nieva al menos una semanita al año. Al menos, el suelo de madera tiene piedad de mis pies. En marcha.

Levantarse, desayunar. Una tostada con aceite de oliva, tomate y pepino cortaditos, quesito de oveja. Un té para empujar la vaca. Son las 8:55. La universidad empieza a las 9, y yo también, y los profesores. Pero un pacto de retraso a nivel nacional nos ampara.

Al salir el barbero de abajo me da los buenos días, me invita a té, a pelarme. Gracias, hoy no es el día. El quejío de algún artista rueda por la ventana hasta la calle. Fandango parece. Más abajo, los Gipsy Kings aúllan en el bar de la esquina, desde donde las gafas de los jubilados controlan la calle; con juegos de mesa, bebiendo, fumando, pasando el día. Con la rumbita y el fandango, alegran un poco el ambiente.

Por el camino, como cada mañana, paso por un parque para niños -con aparatos de gimnasio para exteriores-, un campo de fútbol sala y una gran avenida salpicada de edificios monumentales, construidos en lo que fue una orilla, ahora tapados por las naves del puerto, los bloques de viviendas y de oficinas; fruto de la “alegría de la construcción”, ahora en primera línea.

Entro a la universidad saludando al guarda: “Erasmus”. Paso por la cafetería a medio llenar de personas. Paso por talleres de grabado, de marionetas, de metal. La mayoría de los estudiantes son mujeres. Miro si hay alguien conocido, me paro a charlar, a preguntar cómo se esmalta, se suelda, se imprime, todas las artes están mezcladas, siempre se aprende algo nuevo. Un momento. ¿No tenía clase? Una vez es tarde, qué más da.

Antes de volver a casa, paro a comprar en el Día alguna cervecita para la cena….
Un momento, llegados a este punto. ¿Alguien cree que estoy en Turquía?

Estambul 2:

Estambul es una mujer con velo negro; pero también un hombre con minifalda.
Estambul es un bazar de especias; pero también un Día o un Carrefour.
Estambul es un chai y un anciano; pero también un cubata y un chulo.
Estambul no es templo, ni palacio, ni parlamento…
Estambul es colina y valle, ricos y pobres separados por una cuesta.
Estambul es la vida de perros y la octava del gato.
Estambul es un abrigo de visón, un collar de perlas; y treinta paquetes de pañuelos en la cartera.
Estambul es una silueta en curva, un cerco de policía y un cuadro de Ataturk.
Estambul es un actor sin techo, un vagabundo cantaor y un músico de performance…
Estambul es el mechero, y la zona de no fumadores.
Estambul no es Turquía, aunque en el extranjero, Turquía sea Estambul.

Estambul es Asia y Europa más allá de lo geográfico. No es Asia ni es Europa más allá de lo geográfico. Es geográfico y es Asia más allá de lo Europa. No es Europa y geográfico más Asia de lo allá. No es geográfico y Asia más allá de lo Europa.
¿Te queda claro? Verás Estambul.

Estambul 3:

Marca una equis en el suelo.
Recorta en trozos pequeños hojas de revistas…
Destroza a porrazos la vajilla,
Escupe
Si tienes peluca, arranca pelos y los echas.
Trozos de comida, plastelina, calcetines viejos, ralladura de lápiz.
Vuelca sobre el conjunto unos cuantos botes de pintura.
Vuelve a escupir,
La caja de los clips, también.
Botellas rotas, sirven.
Continúa hasta conseguir una montaña lo suficientemente heterogénea.

Una vez completo, llena la bañera una cuarta. Divide tu montón en dos partes. Viértelas separadas en la bañera.
Adorna con cáscaras de huevo, y palillos de dientes por encima.
Espera a que asiente.
Ya tienes una “instalación” sobre Estambul más que apañá.

Los días comienzan como acaban en todas las ciudades, aquí con gaviotas de dos continentes.

Por Ángel Vázquez

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Una respuesta to “Desde Estambul…”Con amor””

  1. Koldo Says:

    Ángel Vázquez en Estambul?? Es eso Erasmus??… qué peerrooooo!!!… qué envidiaaa!!…

    Gracias por esas 3 visiones de Estambul shiquillo, me cautivaron (¿o me cautivaste?.. 🙂 Ángel, siempre artista, siempre bohemio, siempre genial… y con salero!..jajaja…

    Take care and enjoy your year!… siktirgit! 😉 (es lo único que sé en turco..:)

    Koldo

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